Mañungo es único, particular,singular... pero seguramente se multiplicará en tantos otros hombres o mujeres que se sientan identificados con él y con su historia de vida.

UNA HISTORIA DE VIDA

 
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MAÑUNGO
Toty Villar
 
ISBN Nº 978-987-1526-11-6
Cuenta Conmigo Ediciones

 

 

“MAÑUNGO”

Hay vidas tan interesantes, que merecen ser noveladas. Y si profundizo en la idea, digo, que todas las vidas se pueden novelar porque siempre hay cosas interesantes para contar. Es más, no tengo en cuenta la cantidad de aciertos o errores.

Hay vidas con muchos aciertos y pocos errores, otras con muchos errores y pocos aciertos, otras con muchos aciertos y un sólo gran error, y otras tan valiosas como las anteriores, con muchos errores y un sólo gran acierto.

Pero como haya sido la vida de Mañungo, yo decidí que tenía que ser contada, y más apreciable aún si es contada por él.

Es por eso, que en las próximas líneas, estimado lector, se encontrará usted con la palabra legítima del propio protagonista, porque yo trascribí lo que él relató.

Mañungo (o Manuel), la persona cuya vida se cuenta en las próximas páginas, ha llevado en su juventud una vida fácil y sin demasiadas complicaciones. En determinado momento ocurren dos hechos que lo hacen trastabillar humanamente. A partir de ahí es donde la historia comienza a entretejerse.

Yo le puedo adelantar que Mañungo vivió en la era en que la humanidad tuvo mayor desarrollo, tanto en tecnología, en ciencia, en cultura, como en belicosidad, religiosidad y otras circunstancias.

Pero ni en esa era, ni en anteriores o posteriores, la humanidad cambió en lo referente a las cuestiones emotivas: siempre hubo y habrá amores y desamores, encuentros y desencuentros, vidas y muertes, alegrías y tristezas, y Mañungo, no estuvo ajeno a lo que le pasa a toda la humanidad.

Y en su larga vida, las cuestiones emotivas lo acompañaron siempre, para bien o para mal. Porque si algo lo caracterizó, es que no dejó emociones sin vivir.

Un hombre de grandes pasiones, capaz de contar las cosas de la misma manera como las vivió y de transmitir los sentimientos de modo tal que podamos sentir lo que él sintió. (Toty Villar) (*)

 

*) Toty Villar es el seudónimo de María Inés Villar Molina.
Cursó estudios primarios en Cutral Có y Plaza Huincul (ambas de la provincia de Neuquén). Los estudios secundarios los realizó en la Escuela Nacional de Comercio de Plaza Huincul.
Luego de trabajar varios años en la empresa estatal YPF, comienza su actividad relacionada con la educación en el Consejo Provincial de Educación de Neuquén y desde el año 2000 es docente para adultos.
Ha cursado el Profesorado de Lengua y literatura.
Vive en las afueras de Cutral Có y su vida transcurre entre esa localidad y Plaza Huincul.
Actualmente se desempeña como docente, dictando cursos de Formación Profesional.

 

   
 
CAPÍTULO I (fragmento)
 
Mi familia

 

"Cuando mi Papá murió, yo sentí que una parte de mí moría con él.
Mi padre era un hombre de contextura robusta, no muy alto, cabello claro; comenzó a tener canas desde joven. Su piel tenía el color que le había dado el sol y el aire libre. Tenía la espalda ancha, sus manos eran grandes y fuertes, y tan capaces de sostener un bagual con el lazo, como de brindarnos una tierna caricia.
Tenía un andar ágil; para todo era muy dinámico. Era elegante, esbelto; cuando andaba a caballo, se veía muy garboso. Siempre quise imitarlo: pasaba ratos largos mirándolo porque quería hacer todo lo que él hacía.
Su voz era firme pero suave, no le gustaba gritar, pero cuando daba una orden, había que cumplirla, ya sea que se tratara de algún empleado o de nosotros, sus propios hijos. En efecto, daba instrucciones a los peones y a la par de ellos salía a trabajar. Por otra parte, la rectitud de su conducta, obligaba a que todos lleváramos una gran disciplina.
Cuando se enfermó mi papá, de un día para otro perdió el apetito, se adelgazó, empezó a tener dificultades para tragar, y de pronto le empezó una tos persistente con una ronquera que casi no lo dejaba hablar.
Al verlo así, sentí mucha confusión y me invadió un miedo terrible a perderlo; no podía soportar la tristeza que me causaba darme cuenta de la manera en que tan rápido se debilitó, perdió su agilidad. Quería hacer cosas y le faltaba la fuerza en las manos.
Ya hacía dos meses que inútilmente tratábamos con mis hermanas de convencerlo que fuese al médico. Cuando el malestar fue insoportable, le pidió a la mamá que lo acompañara a ver al Doctor Vergara.
El médico pidió unas medicinas, que mandamos a buscar a Santiago: costaban mucho dinero, pero estábamos dispuestos a todo. La mamá me mandó a vender siete vacas que veníamos apartando, pero de todos modos, no hubo esfuerzo ni dinero alguno que salvara a mi papá. Un día no pudo levantarse, y desde ese momento, pasó los últimos veinte días de su vida acostado. "(....)